
Como en un baile de mariposas.
Sus miradas se posaban la una en la otra, devorándose con suavidad supina.
Ella no paraba de hablar olvidándose de lo que decía.
En un runrún de fondo que acunaba la danza de retinas.
Él fingía atender un sinsentido verbal que sólo hipnotizaba la razón de su mirar.
Y ella notaba que se le clavaba en sus párpados cansados.
Y se perdían el uno en el ojear del otro
en un silencio locuaz.
Tal vez fue un segundo o quizá una eternidad.
Ocurre en esos momentos cegadores que sólo se tragan el tiempo y que acompañan siempre por el vacío en fase creciente que generan en el centro del corazón.