
Sentía que determinadas emociones eran innombrables quizá porque había un dicho en su cultura que aseguraba que "todo lo que tiene nombre, es".
Por eso había decidido arrebatar a aquella amalgama la posibilidad de nombrarla. Condenándola al silencio de la "no palabra" sabía que le arrebataba el potencial de la existencia...Se iría quedando sin el alimento que le abría las puertas a la oportunidad de ser porque jamás todo puede ser probable.
Estaba segura de que lo "sin nombre" muere de inanición.Era como truncar lo que pudo haber sido sin haber empezado a serlo y sin la más absoluta necesidad de que comenzara a serlo porque era lo que menos deseaba.
Pero a veces las cosas buscan desesperadamente un nombre sólo por la pura vanidad de llegar a ser. Entonces no queda otra que sellar los labios con sangre y no articular el más tenue susurro.