Hay un momento al comenzar el anochecer en el que reina el silencio. Entonces, se siente tan de cerca la calma que crea expectación. Es el momento de cerrar los ojos y abrirse para empezar a notar el susurro del viento que sale del bosque para ulular en el alma. Es la oscuridad natural que libera. La "enlatada" me asfixia. Por eso, por favor, deja unas rendijas para que entre la luz.

viernes, 14 de marzo de 2008

LA VOZ PAUSADA Y ELEGANTE SE HA IDO


Bastaba un segundo, incluso menos: una centésima, una milésima hasta un nanosegundo. En un instante llegaba el batacazo capaz de pulverizar las variables espacio/tiempo de la ecuación vital más estable.

Sabía que su mayor certidumbre era la transitoriedad pero cuando sentía en sus carnes cómo se desestabilizaba, de la noche a la mañana, el correlato existencial de un alma cercana se volvía intensamente frágil, hasta desarmarse.

Se imaginaba enfrentada a esa cuenta atrás en esta edad, que era la misma de ella; de esa voz que había escuchado por el teléfono y que a duras penas ponía cara; pero sí historia, porque alguien que la quería se la había contado, sin pretenderlo, a lo largo de los años; se la había hilvanado arañando retazos de lo cotidiano, que al final, es lo que esboza una biografía.

"Te ha llamado tu hermana": no hacía un mes de aquel último post-it que le había prendido al teclado, y le estremeció pensar que nunca más habría oportunidad de otro. Jamás volvería a escuchar aquella voz pausada y elegante a la que no había tratado en primera persona.

Sabía que a ella también le llegaría el día de quedarse petrificada, con el auricular en la mano, destrozada por el dolor de la ausencia de una voz de las que entretejían su universo sonoro, y estrujaría con fuerza, impotente, el teléfono, intentando descargar su desoladora pena. O quizá fuera antes la voz que dejaría de sonar en oídos que la querían. ¡Cómo duele la certeza de la fugacidad¡

martes, 11 de marzo de 2008

SOLTANDO NUDOS

Llovía y la música clásica que llevaba un rato arpegiando acordes minimalistas lo humedecía todo aún más de tristeza.

No extrañaba aquella desolación,hasta que empezó a notar cómo se ensanchaba con los vapores aceitosos del eucalipto.

Aquellos movimientos circulares en los músculos de su espalda; de aquellas manos curanderas, de aquel alma tan cercana que, desatándole la rigidez corpórea, le aliviaba el espíritu.

A cada círculo sentía cómo la materia perdía gravedad y se elevaba desliéndose en algo universal, sin forma ni límites: infinito.

Cuando volvió a la calle sólo olía a ozono; se había diluído la melancolía. En los charcos quedaba el reflejo brillante de la noche.

sábado, 8 de marzo de 2008

ATALAYAS DE FANTASÍA


Utilizaba los lapiceros hasta que se le escapaban de las yemas y cuando ya no había madera que seguir afilando los guardaba en un bote de cristal, que iba llenando con restos de otros lápices.

Mientras cerraba la tapa le contaba que le era imposible deshacerse de ellos, "por los vínculos" -le explicaba- y le hablaba de sentimientos. De que el "trozo azul" había sido un lapicero muy viajero pero que en el mundo de cristal al que había llegado no se separaba del "verde", que sólo se desplazó en su vida de escribiente del cajón de la cómoda a la cercana mesa de trabajo....

Se había aferrado a la fantasía para seguir adelante y cuando acariciaba las cosas revelaba que sus mundos estaban anclados en dimensiones invisibles; como su sonrisa, que hablaba del paraíso de la infancia en un rostro fruncido de arrugas y melena blanca.....Y pensó en las atalayas que nos vamos construyendo y quiso ser consciente de la suya.

La estaba levantando sobre miradas sin velo, de esas en las que al final hay siempre un pozo de luz que si la respiras se te ensancha el corazón, y el tórax y la punta de los dedos, y entonces te recorre una corriente tibia que no es más que un eslabón de un gran lazo de tornasoles que alguien sostiene allá, en algún punto del universo.

martes, 4 de marzo de 2008

DAR SENTIDO A LA VIDA

Cuando flaqueaba se sentía como si pegara la nariz a un gran cristal tras el que se alejaba el mundo. Todo se volvía acuoso y lento y le gustaba esa sensación de espectadora desapasionada. Sobre todo, porque solía ocurrir después de alguna tormenta.

La última era vieja -tanto como el aire que respiraba- pero le había vuelto a extenuar. No soportaba sorprenderse vegetando, desperdiciando la luz, y aquel rítmo rutinario la estaba dejando sin sabores, sin olores, sin sonrisa....Cuanto más lo sentía, más se alienaba y caía rendida a los pies de sus fantasmas. Conocía sus ademanes y sus argumentaciones futiles que la hacían sufrir. Duraban días aquellos combates hasta que algo pequeño le hacía parar; entonces empezaba a sentir y apreciar el don de la vida; nada había tan importante como sentirse viva. Cuando vencía, ése solía ser el apasionante botín de la refriega.

Luego, necesitaba degustarlo y pegaba la nariz a un gran cristal tras el que se alejaba el mundo.

domingo, 24 de febrero de 2008

LA PÉRDIDA DE UN TALISMÁN



"Tengo miedo". Cuando pronunciaba aquella frase, lo hacía llamándole. Mientras se acercaba, ya sus pasos descalzos la tranquilizaban. Luego, en el flanco de la puerta, su olor protector y su voz balsámica: "¿Eso?, eso no es nada; tú tranquila; no pasa nada" -volvía a insistir-

Entonces, se sentía arropada, querida, y era capaz de conciliar el más dulce de los sueños.

Hacía días que lo gritaba en silencio. El miedo se iba convirtiendo en pavor, y él no aparecía en el quicio de ninguna puerta. La distancia lo volvía difícil, y los años, imposible. Habían pasado demasiados como para pedir consuelo. A él, le extrañaría si lo hiciera; probablemente le derrumbaría aquella debilidad no superada.

No obstante, su existencia , lejana y mitigada por los roles teatrales que va imponiendo la vida , encerraba aún la potencialidad del talismán que fue. Un rescoldo capaz de avivarse, si fuera necesario. Por eso, aunque ya no la calmara, le horrorizaba perderlo.

Probablemente, ése era el origen de su pánico insistente: la posibilidad de la ausencia, de la falta definitiva. El desconsuelo insuperable reinaría entonces, hasta el final.



lunes, 18 de febrero de 2008

EL ALMA ENTINTADA


Había ambientes que le estrujaban la boca del estómago.
Llevaba horas ahí y no dejaba de sentirlo. Intentaba engañarse con una contención desmesurada, pero cuanto más fingía serenidad, mayor era la opresión, las descargas: en el estómago, en los brazos, en la punta de los pies...
Existen las vibraciones negativas y aquel lugar estaba sembrado. Sobraban almas mezquinas para regarlo y, en tiempos de sequía, tanta abundancia motivaba aquel vergel.

Desde que lo estaba escribiendo, se distanciaba. A veces sólo consiste en dejar que una punta vaya modelando en tinta lo que parece intangible pero pesa. Se concentraba en aquellos movimientos automáticos; una conexión perfecta entre dos mundos.

Sólo una mano y un alma, atados por hilos invisibles que se dibujaban en un paisaje gráfico, probablemente previsible, al menos para ella, pero liberador.

Aquella mano y aquella tinta...¡Por Dios¡ , que fueran para siempre.

"Una pieza terminada de caligrafía no es simétrica, ni "perfecta";
trasluce el sentimiento y el rítmo de quien la creó".


miércoles, 13 de febrero de 2008

EL SONIDO ÍNTIMO DE LAS PALABRAS



"....donde se encuentran lo más truculento y lo más sublime,
lo máximo y lo mínimo del hombre,
en los salmos de la vida"

Solía degustar frases de las que desconocía casi todo pero que se le quedaban pegadas como una sintonía machacona; le perdía jugar con las palabras, con la sonoridad de las letras; casi más que con los significados. Estaba convencida de que algo era bueno cuando le sonaba bien. Sólo la musicalidad era capaz de conmoverla; ocurría cuando concordaba con su melodía vital y se reconocía en claves, escalas, fusas y semifusas....Pero también identificaba otros pentagramas....

Como el de la frustración y la ira de aquella cara con la que acababa de cruzarse. Como cada mañana, pero no dejaba de sorprenderle tanta mala leche instalada en aquel frunce de entrecejo. Ni un sólo día aflojaba un ápice.

Y pensó en las palabras que acompañarían a aquel rostro encogido de enfado. En la cadencia de las sílabas de aquella existencia; en el rítmo de los significantes que se rebozarían en su mente para volverse significados. Por un momento dudó de que existiera una eufonía reconfortante para aquella realidad. Y le pareció ver, más bien oir, una recua de palabras huyendo espantadas. Una fuga en re menor.