Hay un momento al comenzar el anochecer en el que reina el silencio. Entonces, se siente tan de cerca la calma que crea expectación. Es el momento de cerrar los ojos y abrirse para empezar a notar el susurro del viento que sale del bosque para ulular en el alma. Es la oscuridad natural que libera. La "enlatada" me asfixia. Por eso, por favor, deja unas rendijas para que entre la luz.

domingo, 24 de enero de 2010

LA MIRADA AFÍN DEL PETIRROJO


Le gustaba acurrucarse en la cama mientras afuera todo se licuaba;
sentía cómo las gotas labraban el barro y cómo caían del alero a un ritmo hipnótico sin principio ni fin, como uno de esos bucles interminables.

La lluvia se le acababa filtrando en el cráneo y colándose entre los resquicios neuronales. Entonces le gustaba imaginar una corriente purificadora, una avenida catártica capaz de arrastrar los lodos enfangados que desde hace tiempo condenaban a su alma a vivir en un principio de hipoxia continua. Y visualizaba aquella avalancha sanadora desembocando por sus pies.

Entonces se acordó del petirrojo que un día se le acercó cuando se refugiaba de la lluvia bajo la roca....La primera aproximación fue esquiva, pero luego se fue acercando cada vez más hasta tenerlo a un palmo de su cara. Y entonces se encontró con sus ojos azabache y su papada roja y le resultó tremendamente afín, mucho más que esos rostros humanos que hace nada le dijeron "ven, síguenos, pero deja tu felicidad en la puerta porque sólo así alimentaremos la nuestra".

Había escampado y regresó al camino....El petirrojo entonces voló como diciéndole "siempre hay que volver a empezar".

jueves, 10 de diciembre de 2009

SI UN VESTIDO ROJO SE MIRA EN UNOS OJOS VERDES


Fue como un restallido en su mente:
aquel vestido rojo
pasión
y aquella espalda girándose
y de frente el espejo de sus ojos
y la silueta rojiza de aquel vestido haciéndose un hueco en la mirada verde,
y el ardor bermejo huyendo del verde rebelde.

Pasó de largo.
En el camino.
"Las penas y las vaquitas se van por la misma senda"
Las penas eran ahora del recuerdo,
y el recuerdo, de su voz,
y su timbre ya sonaba menos rebelde,
y sus ojos se habían dulcificado como los de las vaquitas.

A veces resultan grandullonas y aburridas,
pero en la evocación de su vestido, "rojo triturado", seguro que por los traperos;
en esa remembranza, las vaquitas no eran "de otros", eran las de sus ojos, que un día la miraron como un látigo que no se calla.

viernes, 13 de noviembre de 2009

LA MANO DE LA TORMENTA


Necesitaba sentirse molécula de agua, átomo de viento, electrones de huracán.
Agarrarse a un rabo de nube para que la arrastrara la tempestad, que la bamboleara para comprobar que su veleta no estaba oxidada.

Que el viento no se parara hasta llevarla a una oquedad caliente en un tronco ancestral donde sólo entrara un rayo de luna y la cubriera la piel de la suavidad.

Y que siguiera el aguacero para no volver a pisar el suelo y con los pies descalzos en el aire empezar a sacar la cabeza...

Y que el vendaval le revolviera el pelo hasta la raíz de las contradicciones que le enredaban un cráneo a veces de poeta y otras muchas de basura.

Y cuando olió a ozono y escuchó el golpeteo de las contraventanas quiso pensar que la tormenta venía a tenderle la mano.

viernes, 16 de octubre de 2009

LOS TIEMPOS VERBALES DE LA LUCIÉRNAGA CIEGA


Necesitaba abrir los ojos a un despertar brillante porque le habían pintado el cielo del gris más oscuro. Las lágrimas la empañaban por dentro y nacían de la desolación.

Peor que sentirse invisible era haberse convertido en diana de las hieles.
En títere de furias mal canalizadas.
Pero se sentía culpable.

Quizá a su sonrisa le habían faltado un par de milímetros.
Tal vez a su mirada la hubiesen malinterpretado como altiva.
Acaso caminó demasiado lentamente.

No iba a entrar en aquel juego. Y se revolvió con ira. Con unos segundos de rabia, porque de nuevo se apagaba.

Su propia energía se la estaba robando nadie más que ella. Era la perfecta ladrona de su alma. Se tendía celadas que la anclavan al pasado o la proyectaban en el futuro, y nada de eso existía. Pero sus pensamientos le velaban el aquí y el ahora y se empeñaba en sobrevivir en tiempos verbales equivocados que sólo la aniquilaban.

Para aprender a conjugar la vida necesitaba un despertar brillante.
Y se quedó esperando, mirando al cielo con los ojos tan abiertos que hubieran podido tragarse las nubes. Pero lloró a borbotones y tuvo que parpadear.....Pensó que en aquella oscuridad era imposible brillar a no ser que empezara a dejar de ser una luciérnaga ciega.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

LA MIEL DEL ATARDECER Y LAS ALMAS INDÓMITAS



Hilos de oro entre los que se colaban burbujas de sol.
Así eran sus pestañas al atardecer cuando chocaban entre sí con suavidad, cerrándose sin dejar de entreabrirse para embadurnarse en la luz de la puesta de sol.

En su movimiento basculante se untaban y reuntaban de reflejos dorados y el rastrojo del campo de cereal parecía repleto de alfileres de broches aúreos.

Hasta que llegaba la sombra.
Entonces avanzaba con su silla plegable a cuestas hasta donde aún reinaba el astro y en los filamentos de sus pestañas volvían a pegarse pompas doradas. Había llegado al punto más elevado del altozano y la cuenta atrás hacia la penumbra definitiva se hacía ineluctable.

Aquella despedida la fortalecía.
Ensayaba en ella otros adioses que sí la angustiaban.
Bañada en una coraza luminosa, siempre yéndose, examinaba otros miedos a los que sentía disiparse en la miel del atardecer....

El goteo de muerte luminosa terminó, como lo hace siempre, con la llegada del crepúsculo. Plegó su silla y caminó hacia el chopo vestido con la negrura del ocaso. Sintió la serenidad que entra cuando te ha bañado el sol, pero no en su apogeo sino en su declive: sólo entonces las almas desobedientes pueden reconciliarse con lo inevitable.

jueves, 23 de julio de 2009

LAS VERDADES DE LA PIEL


Hay verdades que se saben tanto como se callan.
Aquella vez tampoco le pondría palabras, pero la estaba tocando con las yemas de los dedos...La verdad se había empezado a quedar entre sus manos....Pegada a los aromas aceitosos del romero.

Amasaba una piel tan conocida y cercana como la propia, porque sabía de sus cicatrices y de sus perfecciones...No porque la hubiera escrutado...Sólo la había vivido, pero ¡hacía tanto tiempo¡ ¡y el discurrir del tiempo es tan ladrón¡, ¡y roba tantas sensaciones¡, ¡y las emociones muertas alejan tanto¡

El tacto le estaba devolviendo un universo no sé si perdido, pero sí desleído de tan teorizado, de tan recluido en declaraciones de principios, de buenos sentimientos y de mejores prácticas....

Aquella piel la estaba resucitando de sólo amasarla...Porque no había canal más directo, mayor ósmosis que la de la piel contra la piel. Y tanteando aquel tegumento fue descorriendo velos, uno tras otro, sin más esfuerzo que el de la caricia, hasta que sintió aquel calor: el de la verdad....Nadie la recordaría ni por lo que hizo ni por lo que dijo, sólo por cómo la hizo sentirse.

sábado, 27 de junio de 2009

LA NECESIDAD DE OTROS OJOS

Las clavículas le sobresalían como asas de un largo cuello,
estrecho y hermoso

-Me encanta tu cuello

Era una voz del pasado pegada a unos ojos a los que costaba abrirse paso entre unas pestañas.

Y luego la curva perfecta de sus hombros.
La belleza del conjunto carnal escalofriaba por esbelta, elegante y liviana.

Se sentó en la arena abrazándose las piernas y sin dejar de mirar al mar: apenas rugía porque en junio suele sonar calmoso. La línea del cuello curvándose en el hombro volvía a aglutinar su hermosura.

La atmósfera resultaba de una luminosidad extraordinaria como recién filtrada. Los rayos del sol doraban unas aguas turquesas de una transparencia límpida.La suavidad de la brisa aterciopelaba las superficies cuando ella se metió al mar.

Sus movimientos volvían a resultar radiantes en el medio acuático. La belleza de aquella mujer no estaba ni en sus formas, ni en sus movimientos, ni en su estilo, ni en el entorno. Surgía de cómo se desenvolvía en aquel paisaje. Como si toda belleza tuviera su lugar para refulgir ...y aquella en otro quizá hubiera resultado vulgar, o tal vez haya maneras corporales capaces de brillar en cualquier horizonte, o incapaces de hacerlo en ninguna parte.

Quiso pensar que ella sí, que tenía un lugar que evidenciaba su atractivo. Pero se había sentado a esperar porque necesitaba los ojos que se lo constataran.