Hay un momento al comenzar el anochecer en el que reina el silencio. Entonces, se siente tan de cerca la calma que crea expectación. Es el momento de cerrar los ojos y abrirse para empezar a notar el susurro del viento que sale del bosque para ulular en el alma. Es la oscuridad natural que libera. La "enlatada" me asfixia. Por eso, por favor, deja unas rendijas para que entre la luz.

viernes, 16 de octubre de 2009

LOS TIEMPOS VERBALES DE LA LUCIÉRNAGA CIEGA


Necesitaba abrir los ojos a un despertar brillante porque le habían pintado el cielo del gris más oscuro. Las lágrimas la empañaban por dentro y nacían de la desolación.

Peor que sentirse invisible era haberse convertido en diana de las hieles.
En títere de furias mal canalizadas.
Pero se sentía culpable.

Quizá a su sonrisa le habían faltado un par de milímetros.
Tal vez a su mirada la hubiesen malinterpretado como altiva.
Acaso caminó demasiado lentamente.

No iba a entrar en aquel juego. Y se revolvió con ira. Con unos segundos de rabia, porque de nuevo se apagaba.

Su propia energía se la estaba robando nadie más que ella. Era la perfecta ladrona de su alma. Se tendía celadas que la anclavan al pasado o la proyectaban en el futuro, y nada de eso existía. Pero sus pensamientos le velaban el aquí y el ahora y se empeñaba en sobrevivir en tiempos verbales equivocados que sólo la aniquilaban.

Para aprender a conjugar la vida necesitaba un despertar brillante.
Y se quedó esperando, mirando al cielo con los ojos tan abiertos que hubieran podido tragarse las nubes. Pero lloró a borbotones y tuvo que parpadear.....Pensó que en aquella oscuridad era imposible brillar a no ser que empezara a dejar de ser una luciérnaga ciega.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

LA MIEL DEL ATARDECER Y LAS ALMAS INDÓMITAS



Hilos de oro entre los que se colaban burbujas de sol.
Así eran sus pestañas al atardecer cuando chocaban entre sí con suavidad, cerrándose sin dejar de entreabrirse para embadurnarse en la luz de la puesta de sol.

En su movimiento basculante se untaban y reuntaban de reflejos dorados y el rastrojo del campo de cereal parecía repleto de alfileres de broches aúreos.

Hasta que llegaba la sombra.
Entonces avanzaba con su silla plegable a cuestas hasta donde aún reinaba el astro y en los filamentos de sus pestañas volvían a pegarse pompas doradas. Había llegado al punto más elevado del altozano y la cuenta atrás hacia la penumbra definitiva se hacía ineluctable.

Aquella despedida la fortalecía.
Ensayaba en ella otros adioses que sí la angustiaban.
Bañada en una coraza luminosa, siempre yéndose, examinaba otros miedos a los que sentía disiparse en la miel del atardecer....

El goteo de muerte luminosa terminó, como lo hace siempre, con la llegada del crepúsculo. Plegó su silla y caminó hacia el chopo vestido con la negrura del ocaso. Sintió la serenidad que entra cuando te ha bañado el sol, pero no en su apogeo sino en su declive: sólo entonces las almas desobedientes pueden reconciliarse con lo inevitable.

jueves, 23 de julio de 2009

LAS VERDADES DE LA PIEL


Hay verdades que se saben tanto como se callan.
Aquella vez tampoco le pondría palabras, pero la estaba tocando con las yemas de los dedos...La verdad se había empezado a quedar entre sus manos....Pegada a los aromas aceitosos del romero.

Amasaba una piel tan conocida y cercana como la propia, porque sabía de sus cicatrices y de sus perfecciones...No porque la hubiera escrutado...Sólo la había vivido, pero ¡hacía tanto tiempo¡ ¡y el discurrir del tiempo es tan ladrón¡, ¡y roba tantas sensaciones¡, ¡y las emociones muertas alejan tanto¡

El tacto le estaba devolviendo un universo no sé si perdido, pero sí desleído de tan teorizado, de tan recluido en declaraciones de principios, de buenos sentimientos y de mejores prácticas....

Aquella piel la estaba resucitando de sólo amasarla...Porque no había canal más directo, mayor ósmosis que la de la piel contra la piel. Y tanteando aquel tegumento fue descorriendo velos, uno tras otro, sin más esfuerzo que el de la caricia, hasta que sintió aquel calor: el de la verdad....Nadie la recordaría ni por lo que hizo ni por lo que dijo, sólo por cómo la hizo sentirse.

sábado, 27 de junio de 2009

LA NECESIDAD DE OTROS OJOS

Las clavículas le sobresalían como asas de un largo cuello,
estrecho y hermoso

-Me encanta tu cuello

Era una voz del pasado pegada a unos ojos a los que costaba abrirse paso entre unas pestañas.

Y luego la curva perfecta de sus hombros.
La belleza del conjunto carnal escalofriaba por esbelta, elegante y liviana.

Se sentó en la arena abrazándose las piernas y sin dejar de mirar al mar: apenas rugía porque en junio suele sonar calmoso. La línea del cuello curvándose en el hombro volvía a aglutinar su hermosura.

La atmósfera resultaba de una luminosidad extraordinaria como recién filtrada. Los rayos del sol doraban unas aguas turquesas de una transparencia límpida.La suavidad de la brisa aterciopelaba las superficies cuando ella se metió al mar.

Sus movimientos volvían a resultar radiantes en el medio acuático. La belleza de aquella mujer no estaba ni en sus formas, ni en sus movimientos, ni en su estilo, ni en el entorno. Surgía de cómo se desenvolvía en aquel paisaje. Como si toda belleza tuviera su lugar para refulgir ...y aquella en otro quizá hubiera resultado vulgar, o tal vez haya maneras corporales capaces de brillar en cualquier horizonte, o incapaces de hacerlo en ninguna parte.

Quiso pensar que ella sí, que tenía un lugar que evidenciaba su atractivo. Pero se había sentado a esperar porque necesitaba los ojos que se lo constataran.

sábado, 30 de mayo de 2009

SIN BRIDAS NI ESPUELAS


Hacía un rato que era incapaz de moverse.
Con la música en los cascos se desgranaba en lágrimas.

Era su manera de disgregar el dolor que la ensartaba.
Tan rota por dentro, tan hecha añicos.

El sufrimiento se le agarraba al cráneo y desde ahí le fruncía hasta el alma.
Le costaba abrir los ojos.

De tan triturada apenas sentía; los sonidos se volvían lejanos, su expresión inamovible y la lágrima que le recorría la mejilla le resultaba ajena. Como su respiración, acoquinada en apenas un tercio de su capacidad pulmonar.

El dolor la aplastaba al tiempo que la vida discurría como si nada, porque nadie podía percibir sus aspavientos paralizados; nadie oir su desgarro mudo; ni ver sus añicos invisibles ni refrescarse en su llanto seco.

Mientras el desconsuelo la encumbraba en la insignificancia creyó recordar que la vida tenía el sentido que se le diera.

Entonces le atrapó una imagen: la de una amazona galopando y, en un claro del bosque, unas crines recortándose sobre la luna.... Y quiso ser jinete sin espuelas y yegua sin silla y trotar, y nada más que trotar.

viernes, 22 de mayo de 2009

LA MÚSICA NOS HARÁ LIBRES


Había vuelto con aquella música que enredada el viento y agitaba las hojas que plantaban cara a un cielo tan cálido como gris tormenta.
Y se sentía la distancia que une dos puntos. Porque no creía que la distancia separara o fuera el olvido. Era sólo el camino a la serenidad. Y una senda así une con la esencia y separa del alboroto.

Le gustaba, en las esperas desesperadas, aposentarse en la orilla y verse vivir por la vida y ver cómo la vida vivía a otros y apaciguar sus desencuentros con esas otras vidas que minaban la suya.

"Ésa no soy yo". Se lo repetía insistentemente. Era el hechizo con el que deshacía empalizadas. No había trampas más oscuras, más efectivas y aniquiladoras que las mentales. A los juicios hay que engañarlos porque en sus dominios se piensa y eso no es vivir.

La vida no se teoriza ni se constriñe entre el recuerdo de lo que una vez fue y otra tal vez será. Eso sí es la distancia y el olvido y el despilfarro. La vida es el viento que vuelve a zarandear las plantas, el ruido de un motor en un viaje a alguna parte, el perro que ladra a la puerta de una casa, la sonrisa de alguien, el ventilador del portátil que me hace ir terminando. Y, sobre todo, una canción con un violín tristemente sereno. "Escucha -dijiste- como un cascabel; la música nos hará libres. Y contando hasta tres saltaste del tren cuando iba más rápido; contaste hasta tres y no te oí decir te añoro o no te añoro"

sábado, 18 de abril de 2009

CRISIS DE IDENTIDAD


Hacía tiempo que estaba dejando de sentir miedo, pero semejante certeza la descolocaba.
Cuando la vida amedrenta, se anda encogido y no se levanta la vista al frente.

Por eso ahora caminaba erguida y posaba los ojos para diseccionar el mundo. Sabía lo que quería y ponía a prueba su coraje. El valor le hacía desear lo que hasta hace nada le resultaba implanteable y ante cada nuevo reto se lanzaba a conseguirlo. Pero se estaba vistiendo de ansiedad.

Desconocía aquella manera de estar en el mundo y se recordaba a un bebé incapaz de poner límites, porque las delimitaciones nacen, probablemente, de la reflexión, la prudencia y la aceptación. Y ella estaba desentrenada.

La fuerza la estaba destruyendo y necesitaba canalizarla. Por eso su mirada se había congelado desde hace rato en aquellas olas. Rugía la mar y las rocas le devolvían el eco. La luz del atardecer se doraba entre los resquicios del gris acero que encapotaba el cielo. Le hubiera gustado volatilizarse para después reencarnarse.

Y pensó que ella no era aquellos pensamientos; que no era ni sus preocupaciones, ni sus ansiedades, ni sus frustraciones, sueños, esperanzas, sentimientos....La vida sólo estaba allí, en aquel instante marino, que no era sólo aquel, sino cada nuevo momento de cada nuevo presente....

La vida en cada chasquido de dedos; en un aquí y en un ahora.
Tenía que salir del laberinto y empaparse de los restallidos momentáneos...¡Eso era vivir¡, pero sólo a veces lo conseguía....