Hay un momento al comenzar el anochecer en el que reina el silencio. Entonces, se siente tan de cerca la calma que crea expectación. Es el momento de cerrar los ojos y abrirse para empezar a notar el susurro del viento que sale del bosque para ulular en el alma. Es la oscuridad natural que libera. La "enlatada" me asfixia. Por eso, por favor, deja unas rendijas para que entre la luz.

viernes, 4 de julio de 2008

PORQUE NO SOY SÓLO UNA PIEDRA



La imaginó en el mismo quicio de la puerta en el que ahora ella se encontraba....La luz doraría el valle como en ese momento.....y amarillearía el verde recién estrenado y rabioso de los fresnos, y sonaría, como estaba oyendo, las aguas revoltosas del arroyo, ladera abajo, la misma dirección en la que miraban sus ojos, que no podían desprenderse de aquella torre que habían empezado a levantar en el valle.

Recreaba aquella mirada hipnotizada por el soniquete del cincel modelando el granito.....pero no le interesaba la monorritmia en la que se fundían el hierro y la piedra sino las manos del artesano: cuadradas y firmes , precisas y hermosas, capaces de acariciar con fuerza, y entonces el ensueño de aquel tacto que le traía el sonido a través del valle la hacía enloquecer de sensualidad....

Habían pasado más de mil años.....

"A su izquierda, uno de los ejemplos más sobresalientes del románico de este valle; llama la atención la belleza de las formas que esculpió el cantero"

Las palabras de la guía la hicieron mirar al campanario y los sillares le contaron una historia de caricias robadas y de manos que retuvieron contactos fugaces y que desesperaron y enloquecieron cuando no pudieron tocarse.

A veces las piedras, hartas de parecer sólo capiteles o simples dinteles o meras portadas , se encolerizan y traicionan pactos de silencio milenarios.

viernes, 6 de junio de 2008

COMO UN PUENTE SIN RÍO




Se sentía "un puente viejo con cataratas de hiedra" en sus ojos; sólo transitado por los ancianos, los días de sol, y los enamorados, las tardes de buen tiempo. Al lado, el trajín de la vida, se lo llevaba el puente nuevo.

Se lo había contado y también escrito, pero esta vez, al verlo, sintió que tenía poco de nexo; que ya no era siquiera un viejo puente, sino tristemente un montón de piedras a la deriva.

Le habían dado en la columna maestra y , sin punto de apoyo, se lo llevaba la corriente del dolor. Ella, que tantas veces, le había acompañado a cruzar pasarelas y vadear avenidas se había convertido en un cofre de cenizas.

Le engullía su terrible ausencia y no paraba de mencionarla, recordarla, anhelarla....Se había encadenado al pasado y le destruía; intentaba mirar al futuro y le aniquilaba; en el presente se consumía...

Hasta hace nada, aunque viejo, se sentía puente; un vínculo entre dos orillas, principio y fin...antes y después....Pero ¿de qué? -se preguntaba ahora-

Con ella, habían desaparecido el qué, el quién, el cuándo, el para qué.....Sòlo quedaba el cómo.....Y el adverbio lo estaba transformando en un pretil y unos arcos y unas vigas y un empedrado....completamente bombardeados, pulverizados, masacrados.

Hay pérdidas que arrastran y anegan pero un puente inundado no sirve para nada. Para salvar el agua hay que volverse aéreo aunque el sufrimiento pese; y quienes lo han tenido en brazos saben que son toneladas.

lunes, 2 de junio de 2008

LA INCAPACIDAD DE ABANDONAR EL NIDO


Habían hecho de aquella situación un nido entretejido
en el que cada rama había perdido su individualidad disolviéndose en el resto.....

Con una sola cabeza, un sólo corazón; hacían creer que también una sola alma.....

Aquel estado coral le exasperaba.....
Siempre el pronombre personal de primera personal del plural,
para sus ilusiones, esperanzas, frustraciones, miedos.....: imposible de creer y asumir. Pura patología.

Ella les había cortado las alas a sus polluelos; y ellos, se las dejaban seguir cercenando, incluso se lo pedían, acostumbrados a recibir el calor de su plumaje, que los volvía "fuertes" y capaces de entonar al unísono un único trino.

Y como hay corazones que vuelven la necesidad virtud, solían vanagloriarse de aquella inmadurez comunal y se la restregaban cuando se esforzaba por ser ella misma y se negaba a convertirse en una rama más de aquel nido castrante que mutilaba alas para disfrazar de seguridad colectiva las más tambaleantes inseguridades individuales.

martes, 27 de mayo de 2008

LOS OJOS DE LA LEALTAD


Aquellos ojos en los que flotar hipnótica;
Creía que la esencia de los seres se acumulaba en una parte de su cuerpo, y sabía que aquélla, pese a su existencia aún infantil, sería el depósito de su extracto humano.

En esa mirada, que se dejaba contemplar, a ella le gustaba perderse y sentirla como un bálsamo....El tiempo se detenía y cuando se paralizaba en aquel instante eterno apreciaba el latido de grandeza que se esconde en los personajes pequeños y que pulveriza la ruindad dominante.

Porque aquella belleza acuosa, tan sumamente original y alejada todavía de adulteraciones, le recordaba que nadie debe hipotecar su alegría , que la dignidad no se vende, pero que serle leal tiene un precio, que ella pagaba a gusto sólo por sentirse merecedora de aquel instante que daba alas a su alma, en combate permanente por resultar liviana y liberarse de lastres : la insoportable pesadez asfixiante de los malditos anclajes.

jueves, 15 de mayo de 2008

EL JARDINERO DE LA LLUVIA


Debajo de la marquesina, esperando,
tú olías la lluvia demasiado mojada,
ellos la piel, la saliva, el calor pegajoso de sus bocas, también mojadas;
besos de repetición
como las metralletas.

Tú, la lluvia que huele a ozono,
ellos, los besos, que saben a síntesis;
eliminación de las fronteras, del yo y el tú, para condensarse en un revoltijo, en ebullición, que se niega a aplacarse.
"Estaré aquí a las nueve en punto" -la garantía de más besos en los que seguir disolviéndose-

Pero tú prefieres la lluvia, porque tuviste los besos y fueron el abono de lo que ahora tienes: un jardinero que recoge las gotas en hermosos recipientes de lluvia.

viernes, 9 de mayo de 2008

Lo grotesco de una autoridad impostada


Odiaba aquel taconeo que hincaba con todas sus fuerzas con la única pretensión de hacerse notar;
eran como los clarines que anunciaban su "excelsa" presencia con requerimiento de alfombra roja;
¡horrorosa¡ e ¡insoportable¡ esa necesidad suya de vanidad; ansiaba que todos supieran lo "imprescindible" que resultaba;

¡Qué zafiedad y qué vulgaridad ¡ Era una pobre infeliz cargada de inseguridades y angustias, que necesitaba de la representación social de la autoridad para sentir simplemente que existía; no le bastaba respirar; era incapaz de entender que la belleza, "lo único que merece la pensa en este asqueroso mundo" , era silenciosa.

Al principio sentía lástima por el estruendo que desplegaba porque sólo era un "sos"; una llamada de socorro de alquien incapaz de ser por sí misma.

Pero ¡aquellos malditos taconeos¡ le reventaban la cabeza; acompañados siempre de tanta altivez, estaban despertando la suya.

El día menos pensado la descalzaba y lanzaba sus tacones al río para que se hundiera su máscara, para que aprendiera a pisar despojada, porque -estaba segura-, sólo el sonido sordo de unos pies desnudos podrían aplacar una ira tan desbocada.

jueves, 1 de mayo de 2008

HORA Y MEDIA



Sabía que los procesos emocionales daban al traste con cualquier ilusión de particularidad de los seres humanos; siempre las mismas fases en no importa qué individuo por muy especial que se pensara; era como ir constatando un manual de psicología...¡Qué trampa la identidad y la personalidad¡

Estaba viviendo el estadio de la rabia, que surge inmediatamente después de la pena. Y le malhumoraba el más mínimo contratiempo.....

- "¿Por qué me ha tocado esto que exige todos los días ejercicio?" -se decía- "podía haberme tocado otra enfermedad que me obligara a estar sentada o tumbada como mínimo una hora y media al día" -que era lo que le gustaba-; "hasta para esto me tengo que esforzar" -sentía que por todo en la vida había tenido que pagar un precio, siempre elevado; jamás le había regalado nada-.

Su lesión cardíaca era congénita.

- "Si continúas sin hacer ejercicio te dará un infarto; es algo grave" -aún le retumbaba aquella voz sonora de una mirada extraviada pegadas a una bata blanca-

El veredicto la hizo salir aturdida y veloz a la calle. En el escaparate vio un posible vestido que regalar a su madre y entró. Se perdía en las explicaciones de la dependienta. Sentía que el flotador de la banalidad cotidiana podía salvarla. Como si columpiarse en los vaivenes superfluos más anodinos le sirvieran para apreciar la vida, y ya añoraba el día que no estuviera para elegir entre "éste más vestido o éste más sport".

En la librería sí compró aquella antología de poesía en la que llevaba un tiempo pensando; sabía que los poetas -viejos prestidigitadores- disponían de remedios para aliviar las almas transidas de pena, como la suya, aunque luego se volvería airada.

En la puerta de la perfumería se clavó en seco. Necesitaba una hidratante; "antiarrugas": ¡qué ironía¡ Si se cumplía la sentencia, su cara no llegaría a arrugarse. Alguna pata de gallo ya tenía, pero en una urna de cenizas esas imperfecciones no se aprecian.

Durante hora y media no pudo dejar de caminar y llenar sus pulmones de vida.